Más allá de la constitución de 1876 y el sufragio censitario, de las complicidades y el turno entre conservadores y liberales, entre Cánovas y Sagasta, y del liberalismo organicista de Krause, la distorsión de la naturaleza representativa del régimen de la restauración borbónica se muestra evidente en su maquinaria electoral, plena de fraude, corrupción y coerción. (Carles Mercadal, 2001, 87-88)