En la mano derecha se colocó un ramo de azucenas y, en la izquierda, el niño con una cruz de madera sobre los hombros. Construida con material ligero y a causa de los continuos traslados a que estaba sometida, la imagen de nuestra señora de los desamparados necesitó pronto importantes restauraciones, de tal modo que en 1443 se encarnaron de nuevo los rostros de María y Jesús.