La singular iconografía del cuadro no tiene su origen en los evangelios sino que se remonta al llamado Cristo de san Gregorio, un icono oriental que representaba la visión que el papa Gregorius Anicius (590-604) tuvo de Jesús, donde aparecía muerto y flanqueado por dos ángeles. (Ángel Aterido Fernández, 2011, 144)