El Santiago del parteluz se sienta en silla de tijeras apoyada en leones. Con su mano derecha agarra una cartela en la que, aludiendo a su predicación en Hispania, podía leerse: "Me envió el señor". Apoya la otra mano en un báculo en tau, como el que entonces usaban los arzobispos compostelanos, y orla su cabeza una aureola de bronce con cabujones de vidrio. (Ramón Yzquierdo, 2005: 264)