La huella del golpe de estado encabezado por el teniente general Primo de Rivera, presidente del directorio militar desde septiembre de 1923 y del consejo de ministros hasta 1930, fue decisiva en la mentalidad colectiva de los militares en cuanto que concedía al ejército el papel de salvador del orden establecido, de alternativa a las carencias del sistema político. (Julio Arostegui, 1986, 3, 8)