"Aquel escándalo conmovió la corte rusa [en 1905], que durante varios días no cesó de comentar la aventura del galante embajador de Francisco José. Este lo llamó discretamente a Viena poco después, y así terminó su magnífica vida diplomática Franz Liechtenstein. El príncipe contaba ya cerca de sesenta años, pero seguía teniendo el mismo succès de su juventud vienesa". (E. de Bourbon, 1958: 119-20)

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