Para cumplir de manera eficaz con la normativa postal en referencia a la cancelación de los sellos, a mediados de enero de 1850 se encargó el diseño y fabricación de un matasellos al cerrajero Tomás de Miguel, propietario de un taller de herrería y máquinas, camas y otros objetos de lujo. Entre los tres proyectos presentados resultó elegido el modelo denominado araña.