Durante enero de 1939, la batalla de Valsequillo o Peñarroya fue el punto culminante de la ofensiva republicana en un frente olvidado después de la toma de Málaga, la batalla de Pozoblanco y la caída de Santa María de la Cabeza, porque Franco tampoco había deseado otorgar protagonismo a operaciones en el sur, donde mandaba un rival político en potencia, a modo de virrey: