Según consta en un privilegio plomado en seda amarilla, dado en Burgos con fecha de 1203, el rey Alfonso VIII de Castilla (Ivrea) concede las tierras de su herencia en la villa de Salazar de Amaya, al maestro Ricardo y su mujer doña Alda, por su laudable actuación en la construcción del monasterio de Santa María la Real. (Biblioteca Nacional de España, Madrid, manuscrito 704, 150)