Mientras en aquel febrero de 1939 entre debilidades, renuncias y abandonos, la democracia republicana caminaba ineluctablemente hacia la muerte, y como un paradigma de la tragedia española, el 22 de aquel mes expiraba Antonio Machado en Collioure. El gran poeta había atravesado la frontera participando en el éxodo de su pueblo, del que jamás se separó. (Manuel Tuñón de Lara, 1986: VI, 23, 28)