detenido desde el 24 de julio de 1938 para reagrupar las fuerzas y abandonado con la noticia del avance republicano en el Ebro. La decisión enfureció a Mussolini, que esperaba la inmediata conquista de Valencia y el rápido final de una guerra muy costosa que ofrecía escasas contrapartidas. Pero el general no compartía el mismo interés en su pronta terminación. (Gabriel Cardona, 2004: 110)