En el testamento otorgado en Bruselas a 6 de junio de 1554, Carlos V declara que su hijo el príncipe Felipe y sucesores devuelvan aquello enajenado a la corona real, aclarando a continuación que esto se entienda tanto en relación a los reinos de la corona de Castilla, como a los de la corona de Aragón, Nápoles y Sicilia, y como a los estados de Flandes y Tierras Bajas. (Maravall, 1984: II, 454)