Liberal anarquizante de izquierda, sus descalificaciones del carlismo habían sido notorias: Los carlistas le parecían animales de los montes que, en ocasiones, bajaban al llano y, al grito de ¡viva Cristo rey!, atacaban al hombre. En consecuencia, cuando los requetés del tercio de Lácar reconocieron al novelista en Doneztebe corriendo 1936, poco faltó para que lo fusilaran. (G. Cardona, 2004: 132)